Para alcanzar un buen nivel de autoestima, debemos descubrir nuestra Identidad. ¿Quién soy yo? ¿qué soy?, y más importante y decisivo aún, ¿qué quiero ser?.

Ya sea consciente o inconscientemente, todos albergamos opiniones y emociones respecto a nosotros mismos: seguridad o inseguridad, confianza o desconfianza, fe en nosotros mismos y nuestros proyectos o falta de entusiasmo. Todos estos elementos dependen directamente del nivel de autoestima que hemos desarrollado.

Todo ello incide en la forma en que miramos las cosas, en cómo aprovechamos las oportunidades que la vida nos ofrece y en la manera en que nos relacionamos con los demás.

Con una autoestima saludable, nos hacemos cargo de nuestra propia vida y asumimos una actitud responsable y activa en la búsqueda de nuestras propias metas.

Las definiciones más amplias de la autoestima la relacionan a lo que la Psicología ha denominado “Autosistema” o “Autoesquema”. ¿Qué es? Es el resultado de nuestra identidad o “sí mismo”.

Es un autorretrato o imagen interna que incluye las diversas características que adscribimos a nuestra personalidad. Se construyen con el paso del tiempo y sirven principalmente para organizar la información que se refiere a uno mismo. Cuando nos encontramos con información o sucesos nuevos, intentamos comprenderlos desde el punto de vista de esas estructuras cognoscitivas. Son como una compleja lente psicológica a través de la cual nos vemos a nosotros mismos y las cosas que nos rodean, casi sin darnos cuenta.

Este autosistema o autoesquema constaría de varios componentes:
Autoconsciencia o autoconocimiento. Es el conocimiento -juicio u opinión-, objetivo o subjetivo, que la persona tiene de sí misma. ¿Qué creo de mí mismo? ¿Qué soy? ¿Quién soy?

Autovaloración. Es la evaluación emocional de una persona sobre sí misma y sus relaciones afectivas ante tal evaluación. ¿Qué siento de mí mismo? ¿Cómo me siento al sentirme así?. Cuando la autoestima es baja, suele estar conformada por la interiorización de lo que suponemos es la valoración emocional hacia nosotros de nuestros seres queridos.

Autorregulación o autodisciplina. Es un aspecto esencial del desarrollo humano. Si no se aprende a controlar la propia conducta -a evitar lo que ha de evitarse, a esperar cuando no se pueden obtener las cosas inmediatamente, a variar las estrategias cuando no funcionan- se estará a merced de las circunstancias, y nuestra satisfacción o insatisfacción dependerán más bien del azar que de nosotros mismos. La señal de la autorregulación es el control interno.

Sentido de Autoeficacia. Es la opinión o conciencia que uno tiene sobre su capacidad o incapacidad para realizar con éxito alguna tarea o proyecto. No depende tanto de si la tarea es fácil o difícil, sino de nuestra confianza en poder alcanzar la meta, y forma uno de los aspectos más importantes en la motivación o desmotivación. Es el “Yo puedo” o el “Yo no puedo”.

Así, sus hijos se sentirán competentes y capaces tendrán confianza en sí mismo y en sus capacidades se sentirán queridos y queribles. En esta construcción de una narrativa personal positiva, ustedes los padres juegan un rol esencial, que a través de su presencia nutritiva, sus acciones, gestos y sus palabras de estímulo o rechazo hacen en el niño o joven vaya afianzando o debilitando su autoestima.

Como Colegio, a través de nuestro Departamento de Orientación, en el rol de Consejería a los Docentes y alumnos, ha puesto su énfasis y preocupación en implementar un Programa por Ciclo y de acuerdo a cada nivel, con guías al Docente, basadas en la temática de IDENTIDAD, enmarcada en la necesidad de favorecer en nuestros alumnos y alumnas la capacidad de reflexión y emisión de juicios acerca de sí mismos, y con esto contribuir a la construcción de su imagen y valoración personal.