Rector

rectorQueridos estudiantes y familias

Los quiero invitar a que veamos lo que han cosechado, traigamos a nuestra memoria sus sueños, sus deseos y todas las experiencias vividas en su Colegio San Ignacio.

Cuanto esfuerzo y tesón han desplegado en su vida educativa. Junto a sus padres, los hemos visto caerse y levantarse muchas veces. Quizás se pregunten ahora: ¿de qué me ha servido caerme tantas veces? La respuesta es muy simple, los ha hecho conscientes de ustedes mismos, de sus talentos y sus límites, de lo correcto y lo incorrecto, sin olvidar el servicio al bien común y al bien mayor. Hemos sido testigos de su capacidad de crear, entender, de usar el conocimiento y sus habilidades.

Ustedes han sido testigos, durante su vida escolar, de valores como la solidaridad y la compasión, de reconocer y ver el dolor de los demás, de lo que significa la dignidad. Ustedes son capaces de actuar con valor por la justicia social, para que ésta sea siempre más fraterna e inclusiva. Vivir en verdad.

Este camino que hoy termina les va a permitir varias cosas: amar con pasión, unificar por dentro, actuar con rigurosidad, pero también con criterio.

Ustedes, hoy están preparados para hacer que las cosas sucedan. A no ser indiferentes a una realidad que los interpela a actuar.

Les quiero dejar el siguiente regalo, para que sus palabras se graben a fuego en sus corazones, quiero citar el mensaje del Papa Francisco a los ex alumnos jesuitas que realizó esta semana: (…) “el ignaciano tiene como herencia estar en tensión, continuamente en tensión. En tensión entre el cielo, la tierra y él. No puede esconder la cabeza, como hace el avestruz, de la realidad de la tierra. No puede hacerse un mundo aislado con una religiosidad “light” frente a la realidad de Dios. Y no puede vender su conciencia a la mundanidad. O sea, son tensiones, ¿cómo estoy yo frente a Dios?, ¿cómo estoy frente al mundo?, ¿cómo estoy frente al espíritu mundano que se me propone a cada rato? Entonces si ustedes responden a esas tres preguntas, podrán calibrar hasta qué punto la formación que recibieron de la Compañía de Jesús entró o hasta qué punto la guardarán en un armario”.

Recuerden que ignacianos e ignacianas serán siempre, que se note en la alegría de su vivir, en los valores que guían sus acciones, su amor puesto en obras, porque sus espíritus inquietos están llamados a superar las fronteras del conformismo y la apatía, son llamados a ser más para servir mejor, para que al final del día recojan, la cosecha de sus obras y busquen las semillas para volver a sembrar, así como nosotros, los de ayer y los de hoy, lo hacemos, dándolo mejor de sí.

Pero nunca olviden que hay alguien que siempre los va acompañar, cuando el camino se ponga difícil, cuando piensen que no puede, no se olviden de quienes les dieron la vida, no se olviden que vinieron a este mundo a ser felices y entregar amor, que vinieron a aprender y que su aprendizaje recién comienza, no se olviden que son hijos de Dios y de María y que ellos nunca olvidan ni dejan solos a sus hijos. Que Dios los bendiga a cada uno de ustedes y sus familias.

Quiero dar un merecido reconocimiento y agradecimiento a sus padres que confiaron en nosotros y a sus profesores y auxiliares que con tanto cariño y amor los formaron en lo que son: hombres y mujeres de bien y para los demás.

Les pido, queridos alumnos, ¡que se pongan de pie!…

Quiero que les regalemos el más fuerte de los aplausos, por haber representado a su colegio durante toda su vida académica. Un aplauso muy grande para todos los deportistas, científicos, humanistas, matemáticos, artistas y a quienes han vivido su amor al servicio a los demás en las experiencias formativas pastorales.

Y con San Alberto Hurtado les digo: “Cumple tú la misión que te ha sido confiada, tu pequeña misión, la que sólo tú puedes cumplir; tú solo en toda la creación puedes llenar esa misión”.

 

¡Muchas gracias!

 

Rodrigo Sepúlveda Garrido
RECTOR
COLEGIO SAN IGNACIO CONCEPCIÓN
A.M.D.G.